Das Ende
Sigue la Polilla (centro de resistencia cultural)
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Das Ende: En castellano, El fin. Pero ¿el fin de qué?
Al despuntar 1940 mientras todos festejan el campeonato del Dresdner, Hanz descubre la fórmula de la bomba de hidrógeno, la magnitud de su hallazgo lo lanza contra el abismo en que que mora el fin del mundo. Sin embargo al presentársela a Frederic, el jefe de su laboratorio, este lo hace añicos. Con la creación de la bomba, alega, se termina la guerra, y con ella las ganancias extraordinarias que han surtido como científicos.El compañero Otto, el creador de la cámara de gas, tampoco lo reconforta, pero sí lo inspira a crear su propio partido. Esta conspiración nace a la vez que la Gestapo toca la puerta del laboratorio. Hanz y Otto se ocultan, y descubren que aquel oficial es amigo de Frederic y tan corrupto como él. Al descubrir que estaban siendo espiados, arman un simulacro que les permite deshacerse del peligro.
Das ende parte de la Alemania Nazi en el momento en el que “la victoria se hace inevitable”. Es decir, de la readlidad factible. Pero el descubrimiento de la bomba de hidrógeno inaugura otra realidad ¿paralela? ¿alterna? ¿posible? ¿secreta? Parafraseando al oficial de la Gestapo: “Quizá haya[mos] dado con la verdad sin querer”
Sería demasiado cómodo decir que esta es una obra sobre nazis, sin embargo. En rigor, es una obra sobre política, su cruce con el arte, el teatro, la actualidad, el fútbol y, por qué no, la Argentina, la de antes y la de hoy.
Y si una cifra insigne de aquella Alemania fue “la banalidad del mal”, Das ende invierte el orden y propone indagar en “el mal de la banalidad”.
Das ende tiene humor, aspira a la comedia, pero por la vía de la exhibición, el agigantamiento grotesco y la nimiedad del horror. En lo que en primera instancia puede parecer una sátira estética, el espectador olvida por un momento la naturaleza retorcida de nuestros personajes, para luego encontrarse indefensos en sus momentos más siniestros.



